lunes, 6 de septiembre de 2010

Iniciamos la Novena al Señor y Virgen del Milagro

El Señor del Milagro

La Virgen del Milagro

La historia del Señor y Virgen del milagro

Un regalo del Obispo

Fray Francisco de Victoria, quien era Obispo del Tucumán, fue el único Obispo que estuvo presente en una fundación de ciudad en nuestras tierras, como fue la de Salta en 1582.

Terminado su mandato pastoral, ya en España, mandó dos cajones para América, uno con la imagen de la Virgen del Rosario para Córdoba, y otra con el Señor Crucificado para la Iglesia Matriz de Salta. Es en el puerto de Callao donde acontece el primer prodigio. Al salir la gente de la ciudad hacia el puerto, divisan dos cajones flotando sobre las aguas.

Sacados los mismos del océano, los abren y se dan con la grata sorpresa de las dos imágenes que enviaba el antiguo Obispo de Tucumán. Nunca se supo del navío que las traía ni de su tripulación. El amor de Cristo permitió que a través de los mares llegaran estas imágenes para mostrar su misericordia a quienes en Él buscasen el perdón.Tras largo camino que amparó el milagro...

La sensación de amparo y bendición que produjeron las imágenes en el Callao hizo que fueran portadas en procesión por los pobladores hacia Lima, la capital. Cuenta una piadosa tradición que al llegar a Lima, las imágenes fueron veneradas por tres santos: Santa Rosa de Lima, Santo Toribio de Mogrovejo y San Martín de Porres.

Finalmente las autoridades decidieron cumplir con la voluntad del Obispo Fray Francisco de Victoria, haciendo llevar las imágenes a sus respectivos destinos: el Señor Crucificado a Salta y la Virgen del Rosario a Córdoba.

¡Cuántos lugares fueron bendecidos por el paso silencioso del Crucificado y de la Virgen del Rosario!
...por mares y montes llegaste a este pueblo
Cuando la comitiva se acercaba a Salta, autoridades civiles, militares y eclesiásticas prepararon una improvisada bienvenida.
Después de un solemne Oficio religioso ubicaron la imagen del Cristo Crucificado en el Altar de las Ánimas.
Corría el año 1592, por septiembre.
La comitiva continuó su camino a la ciudad de Córdoba llevando a la Virgen del Rosario, actual Patrona de esa ciudad, dejándola en el Convento de los Padres Dominicanos.
Pasadas las celebraciones, comienza paulatinamente, una triste historia, la del olvido ingrato del Crucificado, dejándolo sin ningún recuerdo especial, en el Altar de las Ánimas, por un siglo entero.
Y en olvido ingrato dejaron tu imagen por un siglo entero...

Pasaron 100 años del encuentro original del Señor y su pueblo. Como sucede entre los hombres, el entusiasmo se fue enfriando y el Cristo quedó olvidado completamente.
Según la tradición, la otra imagen, la de la Pura y Limpia Concepción, ya estaba en Salta y pertenecía a una familia ya asentada en estos solares. Esta familia celebraba la fiesta de la Natividad de la Virgen María (8 de septiembre) llevando la imagen a la Iglesia Matriz.
Providencialmente, esta vez la imagen quedó en el Templo unos días más.
Y hubo terremotos y aflicción y duelo
Cuando comenzaron los terremotos del 13 de septiembre de 1692, a hs. 10, la ciudad de Esteco, centro geográfico y comercial, rica y apartada de Dios, se hundió, quedando totalmente arruinada.
Llanto y penitencia, contrición y ruegos
Fueron evidentes los signos de la protección del Señor y la Virgen sobre la ciudad de Salta. La gente, desolada, se dirigió hacia la plaza y algunos entraron a la Iglesia Matriz para sacar el Santísimo Sacramento y se hizo luego una procesión con Jesús Sacramentado alrededor de la plaza.
Fue entonces que quiso la Virgen María, de Dios ante el trono, presentar su ruego
Quienes entraron, delante del Tabernáculo pudieron observar la imagen de la Pura y Limpia Concepción, caída de su hornacina, en actitud suplicante e intacta. Su corona real, se encontraba caída al pie del Sagrario como ilustra el himno "Perdona decías, mi Dios a este Pueblo sino la corona de Reina aquí os dejo".
Mudando colores, tu semblante bello a entender nos dio tu pena y consuelo

Al acercarse a la imagen, contemplaron con asombro, que el rostro de la Virgen cambiaba de colores, tendiendo del pálido de la aflicción, al sereno de su gozoso consuelo y su afán de amparo e intercesión.
Mientras se instalaba la Imagen de la Virgen en el Atrio se comenzó la Predicación de la Palabra, el llamado a Penitencia y se administraba la Confesión, para la Santa Misa. Pero los temblores no cesaban...
Revelasteis a vuestro siervo, no cesarían hasta que te sacasen por las calles
Uno de los Padres de la Compañía de Jesús, el padre José Carrión, afligido por la situación sintió una voz que con toda claridad le decía que "mientras no sacasen al Santo Cristo, abandonado en el Altar de las Ánimas, no cesarían los terremotos"

El sacerdote, con una llama de esperanza encendida en él, se dirigió urgentemente a comunicar el mensaje recibido.
Y al fin comprendiendo tu llamado externo a tus pies llevaron su arrepentimiento
Una vez más entraron al Templo. En la penumbra, contemplaron la imagen, que con dificultad pudieron bajar, acomodándola en unas andas que le sirvieron para sacarla al atrio de la derruida Iglesia. El pueblo acudió al Templo, con antorchas encendidas, contemplando admirados la imagen del Crucificado.

Las campanas llamaron a penitencia, invitando a la primera procesión, a la cual acudieron las autoridades civiles, militares y pobladores, presididos sacerdotes.
Una multitud llorando afligidos, golpeándose el pecho, clamando misericordia. Así nace el milagro de la conversión de un pueblo, desde el llanto, la esperanza y la penitencia, vivido en el Amor de un Dios, que "con su Amor busca, el amor de un Pueblo".

¡Nosotros somos tuyos, Tú eres nuestro!


Toda manifestación de amor, en las Sagradas Escrituras, siempre se sella mediante un pacto, que constituye la Alianza. En Salta, entre aquellos primeros hombres y mujeres y el Cristo y la Virgen, se selló el pacto de la alianza con el amor de Dios.
Este es el pacto secular, que nuestros antepasados, nuestros abuelos y padres, y nosotros, emocionados, renovamos año a año en la clausura de cada Milagro: "Que Tú, dulce Jesús, serás siempre nuestro, y que nosotros seremos siempre tuyos".

En 1902, a pedido del Obispo de Salta, Mons. Matías Linares, el Papa León XIII concede la Coronación Pontificia de la Virgen del Milagro, y el 13 de septiembre en presencia de los Obispos Argentinos se corona al Señor y la Virgen del Milagro...
El 28 de marzo de 1806 el Papa Pío VII erige la Diócesis de Salta. En 1943, Pío XI la eleva a Arquidiócesis.

Como testimonio de gratitud por los milagros realizados en los terremotos de septiembre de 1992 y la protección brindada a la ciudad de Salta, la festividad del Señor y la Virgen del Milagro se solemniza anualmente desde entonces.
Los cultos en honor del Señor y de la Virgen del Milagro se celebran en la ciudad de Salta entre los días 6 y 15 de septiembre de cada año. La Novena, cuyo texto se reproduce en estas páginas, ha sido compuesta en 1760 por el Pbro. Dr. D. Francisco Javier Fernández, y su rezo tiene lugar entre los días 6 y 14 de septiembre. El solemne Triduo se realiza en la Catedral Basílica de Salta los días 13, 14 y 15 de septiembre de cada año.

Los días 15 de septiembre, las Santas imágenes recorren en procesión las calles de la ciudad, acompañadas de cientos de miles de fieles, en una de las expresiones populares más importantes de la Argentina.


Textos resumidos de Monseñor J. Toscano; Monseñor A. Vergara; Monseñor D. Bernacki y Monseñor A. Abram. Fuente: Oficina de prensa del Arzobispado de Salta.








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